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Educación, la clave para el crecimiento

por Patricia Ceriani
por Patricia Ceriani

Cada año notamos con preocupación los síntomas de decadencia de un área clave para el desarrollo de un país y del cual alguna vez pudimos jactarnos: la Educación.

Esto sucede en un contexto mundial donde la ciencia y la tecnología se desarrollan a una velocidad vertiginosa y el consecuente surgimiento de nuevas tecnologías de información y comunicación producen profundas modificaciones en la organización social, económica y productiva.

Estos avances, que amplían las capacidades del ser humano, coexisten paradójicamente con profundas situaciones de desigualdad y exclusión social, el deterioro ambiental, el fundamentalismo, la crisis políticas. La falta de equidad en la distribución de los beneficios del desarrollo científico-tecnológico desaprovecha las enormes posibilidades que nos brinda para hacer del mundo un mejor lugar.

La ciencia y la tecnología han sido fundamentales en la configuración de la sociedad al haberse convertido en los motores de enormes cambios, sobre todo en la estructura social productiva. Por lo tanto, la posesión del conocimiento es cada vez más valiosa. Por ejemplo, el 70% del valor de un Ford T correspondía a la materia prima necesaria para su fabricación; hoy el 2% del valor de un chip corresponde a materia prima.

Muchos argentinos están fuera del sistema por no tener los conocimientos mínimos para obtener un empleo, de ahí el florecimiento de actividades como juntar cartones o la subsistencia mediante un plan trabajar. Ni siquiera forman lo que Marx denominó “ejército de reserva”, se encuentran completamente excluidos. Es notoria la diferencia con la situación social de principios de siglo pasado donde la población se dirigía a las ciudades y los inmigrantes a nuevas tierras, a pesar de las condiciones de explotación que nuestro entonces naciente partido siempre enfrentó, se hallaban en medio de un proceso de integración y encontraron en la unidad la forma de defender sus derechos y tender a modificar los rasgos negativos de ese proceso.

Muchos de aquellos inmigrantes, que llegaban a estas tierras en la más absoluta pobreza, apostaron todo a la educación de sus hijos, y muchos se pudieron sentir recompensados cuando pudieron exclamar orgullosamente “M´hijo el dotor”. Esa movilidad social ya no existe.

En los años `70 se impusieron a sangre y fuego ideas neoconservadoras que, luego del paréntesis que significó el gobierno radical del `84 al `89, se consolidaron en los `90. Esa política consistió en la desvinculación del Estado de las estrategias de desarrollo, la desarticulación de la estructura productiva, provocando la ampliación de las asimetrías sociales y territoriales. La Educación no quedó fuera de esa lógica. El gobierno justicialista impulsó la Ley Federal de Educación, que permitió la transferencia de las escuelas a las provincias sin los recursos financieros necesarios, completando el proceso iniciado durante la dictadura.

Actualmente el gobierno busca deslumbrarnos anunciando una nueva bonanza económica, pero sin mencionar que está basada en la exportación de productos de escaso valor agregado en un contexto internacional momentáneamente favorable, lo cual no constituye una base sólida para un desarrollo sostenido y duradero. Fuera de los anuncios, no existe un plan de desarrollo a largo plazo, desperdiciándose la oportunidad que nos ofrece esa coyuntura económica. Para el gobierno el largo plazo, termina en la elección siguiente. Además, no hay una política de desarrollo exitosa a largo plazo si no se considera especialmente a la educación y la distribución equitativa del conocimiento.

En lo que respecta a la calidad de las instituciones, la experiencia de las democracias maduras demuestra que, si los ciudadanos incrementan su formación y logran apropiarse del conocimiento, existe mayor respeto por el sistema jurídico, se limita el uso discrecional del poder, se minimiza la corrupción y disminuye el riesgo de conflictividad social. Esa puede ser, lamentablemente, la explicación de por que fue virtualmente desmantelado el sistema educativo durante los últimos años, este es un rasgo típico de los gobiernos mas preocupados en construir una hegemonía política que en el progreso de su país. Saben que un pueblo se maneja mejor a medida que aumenta su ignorancia, pruebas de esto vemos en los actos políticos del actual oficialismo donde exultantes manifestantes no saben responder cuando se les pregunta sobre los motivos de su asistencia a esos actos.

Hoy día parecería que gana terreno la cultura de “la comida rápida”, que nos pretende conformar con lo superficial, priorizando la imagen o el conocimiento estrictamente necesario. Esto a su vez provoca lecturas simplistas y acotadas de la realidad sin ninguna profundidad.

Más allá de los anuncios y cambios, más relacionados con la estética del discurso que con hechos concretos, lo que hace falta es una política que considere la Educación como un derecho humano fundamental, una condición para mejorar las oportunidades de cada individuo, su desempeño y su inserción:

  1. Además de la derogación de la Ley Federal de Educación debe derogarse la Ley de Educación Superior que atenta contra la autonomía de las universidades y los principios de la Reforma Universitaria de 1918
  2. Hacer efectiva la tan proclamada Educación obligatoria. No alcanza con proclamarla a los cuatro vientos. Debe garantizarse con hechos la distribución equitativa del conocimiento y la igualdad de posibilidades.
  3. Un aumento del presupuesto educativo que permita la puesta en macha de políticas realmente útiles para que no queden solo en palabras.
  4. A su vez, para que una política educativa tenga éxito no basta con focalizar la atención solamente en la escuela. Muchos chicos no pueden asistir por tener que colaborar en el sustento de su familia mientras que otros que asisten están tan mal alimentados que no tienen posibilidades de éxito en sus estudios. El Estado debe considerar como parte de una política educativa garantizar que todos los chicos puedan asistir a clases.

En el caso de los habitantes de pueblos lejanos a los grandes centros urbanos se suma la dificultad que significan las distancias físicas entre el hogar y la escuela.

  1. Garantizar la igualdad en la calidad de la Educación a lo largo del territorio cerrando la brecha tecnológica y de acceso a tecnologías de información y comunicación.
  2. Llevar a la categoría de “digna” la remuneración de los docentes, en muchos casos superados en ingresos por los malabaristas de los semáforos.
  3. La Educación no debe limitarse a la formación de nuevos profesionales o trabajadores a insertarse en el sistema productivo, sino también a la formación de Argentinos. La política educativa debe incentivar valores éticos y solidarios, el ejercicio de deberes y derechos, el interés de querer saber de que se trata y la capacidad de decidir.

El radicalismo a lo largo de su historia ha promovido importantes hitos en política educativa durante los últimos 100 años: el guardapolvo blanco de Yrigoyen; la Reforma Universitaria de 1918; un estadista como Illia, que apostó a construir un mejor futuro al invertir el 20% de presupuesto nacional en Educación. (sin la necesidad de superpoderes ni nada parecido); la restauración de la Universidad de la Reforma en1983,etc. Ahora más que nunca debemos mantener en alto esas banderas, el futuro del país lo necesita.

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