UCR - Grupo La 3ª

Radicalismo, Otra vez separando la paja del trigo

Por Guillermo Meyer

El radicalismo se enfrenta a una nueva crisis debido a la actitud de los autodenominados Radicales K. No es la primera vez que sucede algo así en nuestro partido y siempre ha podido recuperarse. Frente a estas instancias e inevitable preguntarse ¿Qué es el radicalismo?
El radicalismo es algo más que un grupo de dirigentes, de votos o de posiciones en las encuestas. Se trata de un conjunto de personas que creen en determinados valores y que se identifican con más de 100 años de historia y de luchas.
La UCR nació encabezando movimientos revolucionarios con Alem e Yrigoyen, no para tomar el poder a través de los mismos, sino para lograr elecciones libres y democráticas. Creó las primeras leyes en defensa de los trabajadores, impulsó la Reforma Universitaria de 1918; fundó YPF. Ha dado presidentes como Arturo Illia, ejemplo de integridad y eficiencia logrando un crecimiento del PBI (10%)y del poder adquisitivo del Salario (7%) y defendió la salud de los argentinos sobre los intereses de las corporaciones fabricantes de medicamentos. De la mano de Alfonsín se reconstruyó democracia; se creó la CONADEP, se anuló la Ley de Autoamnistía sancionada por la dictadura y se enjuició y condenó a los ex comandantes de la Junta Militar a apenas dos años de finalizada la dictadura; se firmó el Tratado de Integración entre Argentina, Brasil y Uruguay, que constituyó el origen del MERCOSUR; se realizaron obras públicas como el Gasoducto Bs. As – Loma de la Lata (realizado en tiempo récord), represas hidroeléctricas, electrificación del FF.CC. Roca etc.; se aseguró la paz con Chile; se pusieron en marcha el Plan de Alfabetización, de Educación a Distancia y el Programa Alimentario Nacional, se equipararon los derechos de los hijos extramatrimoniales a los matrimoniales; se sancionaron la patria protestad compartida y ley del Divorcio, etc.
Todo esto permite desmentir categóricamente a los que intentan instalar la idea de que los radicales no sabemos gobernar y siempre terminamos mal. Reconocemos nuestros errores cuando los cometemos y nos hemos hecho cargo del fracaso del gobierno de la Alianza. Pero sabemos que ese fracaso está muy lejos de ser un resumen de nuestra historia. Por otro lado, en un siglo plagado de desgracias y hechos graves para nuestro país, ningún otro sector se ha hecho cargo de absolutamente nada.
Mientras otros grupos políticos omiten mencionar la mayor parte de su historia (y hablo de la más reciente), los radicales podemos estar orgullosos de haber dado presidentes como Yrigoyen, Illia y Alfonsín, quienes durante sus gobiernos han tenido que soportar una oposición salvaje de sectores militares, sindicales, y poder económico, entre otros, cuyos intereses se veían afectados por otro tipo de política. Si no se completaron algunos mandatos se debió a golpes de estado y económicos. Lo que sucedió luego del final de esos gobiernos muestra contra que pelearon.
Esta historia de lucha por los ideales, la democracia, la república, la justicia social, todo esto que, en definitiva, es el radicalismo, ¿tiene algo que ver con la posición adoptada por el grupo de gobernadores e intendentes denominados “Radicales K”?. Ellos justifican su acción esgrimiendo los siguientes motivos:

  • Buscar una razón para la existencia del partido.

Es ridículo plantear que la subsistencia de la UCR se logrará mediante la obsecuencia a un presidente que ya tiene su propio partido repleto de chupamedias y alcahuetes. Tampoco sería una buena opción para el votante oficialista ya que el que vota por el presidente vota al Frente para la Victoria. Solo se lograría abandonar la oposición para ser fagocitado por el oficialismo, como en otro tiempo le sucedió a la UCEDE

  • Apoyar a un presidente que, según ellos, gobierna bien.

Es un misterio saber si lo que les gusta del presidente es lo que dice o lo que hace, porque no es lo mismo. Por un lado funda un museo de la represión a 20 años de finalizada la dictadura cuestionando el silencio de los anteriores gobiernos sobre el tema (omitiendo en su discurso el Juicio a las Juntas producido a dos años de la recuperación de la democracia), pero por otro lado nada dijo de su silencio cuando su entonces compañero presidente dio el indulto; por un lado habla de pluralidad y por otro censura periodistas (expulsión de Pepe Eliaschev de Radio Nacional); por un lado habla de transparencia y por otro despide a un ministro cuando cuestiona aspectos oscuros en las obras públicas y nada se sabe aún del dinero que la provincia de Santa Cruz tiene no se sabe donde; por un lado se horroriza por la política de lo años del menemismo cuando fue, según Cavallo, el gobernador más obediente y como si fuera poco, tiene a varios protagonistas de ese período como funcionarios y aliados, ¿o acaso Felipe Solá no fue Secretario de Agricultura de Menem durante varios años?.

  • Preservar la esencia del radicalismo.

Nuestro partido ha nacido precisamente como el grito de un pueblo pidiendo democracia y límites para la entonces hegemonía gobernante. Por eso ha sido reconocido por su defensa de las instituciones republicanas y democráticas, por lo tanto, no existe nada más alejado de la esencia del radicalismo que los Superpoderes. Y por si queda alguna duda solo hay que analizar los argumentos del gobierno, que limita la república y la democracia en nombre de una mayor eficiencia del gobierno. ¿Quiere decir que con menos democracia y menos república habrá mayor eficiencia?
Lo demostrado durante este último siglo es que los países que lograron altos niveles de desarrollo socioeconómico sustentable, coincidentemente habían desarrollado instituciones fuertes, sólidas y democráticas.

  • Impulsar la renovación que hace falta.

Autoproclamados renovadores ha habido muchos a lo largo de nuestra historia, y no todos han sido sinceros. Solo hay que recordar a los “radicales antipersonalistas” de la década del `20, para los cuales el problema era la excesiva influencia del predicamento de Yrigoyen. Como toda arma era lícita para combatirlo, acabaron en la Concordancia junto a los conservadores y colocaron sus nombres en las páginas de la infamia y la vergüenza. Está claro que la renovación es algo fundamental e inclusive urgente, es necesario poner en marcha la apertura del partido a la participación de sus militantes, posibilitar e impulsar la actuación de nuevos cuadros, acercarse a la sociedad y sus problemas aportando soluciones. Renovar es evolucionar hacia adelante manteniendo las banderas históricas que nos señalan un norte y no retroceder por un internismo provocado por simples mezquindades entre dirigentes

En definitiva, lo que plantean los “radicales K” no tiene nada que ver con lo que podríamos definir como Radicalismo. Pareciera que lo único que les importa es mantenerse en un sillón olvidando los ideales que los llevaron a militar. Cambiaron las banderas del partido por las de venta o remate. Lo peor es que esa actitud no es una simple falta de respeto a una sigla, a un escudo o a una marcha, sino a la esperanza que miles de militantes depositaron en ellos.
Los que somos verdaderamente radicales nunca aceptaríamos sumarnos al kirchnerismo, porque, por ser radicales, no coincidimos con la prepotencia, el clientelismo y su pasado menemista.

Es cierto que este no es un partido testimonial, queremos obtener el poder para construir otra realidad. Pero eso no puede ser a cualquier precio, porque si fuéramos más de lo mismo perdería sentido la necesidad de lograr el poder como también nuestra propia existencia. En este momento hay que trabajar en una construcción cuyo horizonte esté más allá del 2007, liderando a todos los sectores que confluyan en un proyecto de país con instituciones fuertes y transparentes, más democracia, justicia social, igualdad de posibilidades, desarrollo y progreso.

Esta crisis será una oportunidad para demostrar, una vez más, que solidez del radicalismo no se limita a la ubicación en las encuestas de turno de alguna figura excluyente como sucedió con algunas agrupaciones eventuales que se hallan en vías de desaparición (como el Frepaso, Acción por la República o el ARI y Recrear surgidas más recientemente). La fuerza del radicalismo está en su gente, las convicciones de sus militantes y su historia. Por eso estamos seguros que vamos a superar esta crisis y sería muy perjudicial para el país que no lo hiciéramos, porque el radicalismo es un factor de equilibrio, racionalidad, de respeto por la ley y apego a las instituciones que ningún otro partido o agrupación podría reemplazar.

Agosto 2006

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